Es más fácil de lo que parece. Si alguien consume alcohol u otras drogas a pesar de las contínuas consecuencias negativas, si promete dejar de consumir y no lo logra, si cambia radicalmente su estado de ánimo o comportamiento o si pierde el control cuando consume, aunque sea una vez al año, esta persona seguramente es adicta. De hecho, las personas que le rodean difícilmente se harán esta pregunta si no lo es.